Claudia
Me dispuso arabesco en el césped
bajo un arco de ladrillos rojos
al sur
Esculpió con aire mi cabello como si de espinas como si de ella
Ajustó dos margaritas sobre los ojos
y disparó
Conservo el icono y el destello
sin volver a casa
la tiniebla
Mara en la horca
La nombra Mala pero desde esa noche ella se sabe Mara
La luna dictamina brumosa
estirpe
Una cuerda, junto al lecho, se balancea vertical
desde el anaquel más alto de la biblioteca
La cizaña, como el pan
I
Itinerancia:
luego la isla perdida
de sus libros útero
mortaja
San Cristóbal:
acaso el fin de un exilio
y
origen
de otro látigo
II
La cizaña, por partes iguales en la cena, como el pan
III
Único, Cerbero, sabe que no hay lugar
para las sombras en el muro
del estío
su floreciente
veneno
IV
Después
las fotos se partieron
en duelo germen
V
No excavan ya, sucumben, se alistan
VI
Unas letras en el sórdido banco
de Palermo
elegido
inútil institución
VII
Partida triste
estupor
sin animal
sin clave el paso ciego
Ajedrez
Todo ocurre de cesión
en cesión
diminuendo
en tierras
su guirnalda nupcial
lame el azar un aceite de noche primera
idioma de lo otro -en secreto los pies tallados
en la alta siesta
de Cachemira
Así es
cuando el adversario ruge mudo
devora
el
juego
de tu magma
elige el alfil
redondo
nocturno
y casi en tablas
yo delinco
como se debe
Notre Dame de Paris
En antiguo
tiempo
hoy mil noches y una
me nombra un mezquino
lloro:
Dios mío
cuánto deseo reposar alguna vez
sobre mi giba
Sello real
Sucio exhausto impune
al corazón
el sello real.
Aquella noche
de seis lunas
negoció con Nadir.
Cerca
un perro lejano,
su lloro inaudible.
Luego
brillarían los siete cuchillos
y asestaron.
Mefistófeles
Todo el mundo tiene dos patrias, la suya y la mía.
A partir de Shalimar el payaso de Salman Rushdie
Akbar, el grande
No fue Akbar el grande, hijo del Gran Mogul,
la forma más engañosa del encanto
Frases
en
su veneno
las criaturas las dagas el pacto
adivinaron el ánfora
para la lluvia
la duración de una piedra verde
fue
el puño tibio
mísero reconocimiento
de 182.409 frases
Los pájaros
fue un viaje inmóvil
ahora reúno
a los pájaros
porque tenemos miedo
Zufiya Zenobia
látigo el arco de tripa
esa noche
perdida voz
decid la impiedad la piedad decid la vergüenza
el paso todo
la guirnalda los puñales, tu bestia hyde
no dejarás
al monstruo la garganta
virgen
las negras cuchillas te nombraron
y ahora, sí, ahora, reina idiota,
las decapitaciones
Frontera
métrica blanca
la de su viaje
abstracto
y un salto inmóvil
-sensualidad del aire-
astilló a muerte
otro espejo
Particiones
I
aceitaron mis pies y esta frente
trenzaron mi cabello con aros de bronce
y ríos sucios
hubo
sólo
una sábana perforada
en la casa de las vírgenes
hubo
la esterilla nupcial
II
los harapos
resplandecían
III
y
fuego
a través de las puertas secretas, embozados
prodigadores
de hijos
dieron batalla
Cénit del orfebre
cinceló en el muro la
ceremonia
las grietas un rito la luz sin
luz
y esa noche
el balcón brilló a la luna
por última vez
y entonces los verdugos llegaron
traían un hacha un hada
una virgen amarilla
Caverna
verdad a
medias
tu gesto translúcido
que hoy
leo
con dagas de rubí
Morada
A Dolores Etchecopar
la jauría, dijiste,
no huye
sí este cordón
que siempre supe
acierta
las ruedas dejaron de cantar
ladran los cuchillos en media luna
y luego el ojo cae
un diamante en lágrima
persiste
arabesco,
el hacha
ésa es la morada, sobrevivo
arco
en el funeral
cielo equívoco
los itinerarios rojos
Ghoul
conduce a los nativos
santiguadores y mamíferos en letargo
por el túnel de avenida Cabildo
devora el Ghoul un último reloj
más allá del cemento
un muerto y
otro
animan
su prez
ante el altar
de la virgencita
Autobiografía
debo rescatar el friso de Cronos
idiota
ajada
me atrevo a desmentir la penumbra
y entonces entran los perros
Hijos de la medianoche
caen las piedras y después mi ojo
de su cuenco
cuando llegan los buitres
Negociación del lustrabotas
Después de la cena la orden era dormir temprano. Tenebrosa siesta larga, el orden. Errábamos en la cocina iluminada los gatos y Mozart y Bergman y la mitología. Un mapamundi junto a la mesa a toda pared, el universo y la historia soleada del Mediterráneo, y en la radio Mimí y Madame B. y Turandot y Norma. Enemigas del olvido, la sugestión y la tristeza del puré con poca sal en inaceptable concierto. Y el encanto ambiguo de mi padre y su ópera, visceral, sin juicio, a la deriva.
De este paraíso no me extirpen, pensé sin éxito y fuera de clave; no arreen al dormitorio a la niña que incomoda y acata la escuela matutina y debe ser perfecta, a toda hora, a esta hora y todas las futuras -se había decretado-.
Ofrecía a Damiano de Piemonte lustrar sus zapatos para el otro día o para toda la semana, midiendo los actos y el camino. Él, satisfecho -nunca sabré si por mi cortesía filial o por el amor a Björling y a Tebaldi y a Callas y a Distéfano y a Gobbi- y cómplice, traía tantos como dictaba el avance de la transmisión, iguales, negros y marrones, jamás deformados por un pie de perfecto arco, acordonados y carísimos porque en el calzado no se ahorra, de su calidad depende la sonrisa.
Negociaba mis noches, indigente, un calco fatal de ésta.
Omphalus
el cíclope mira en su ombligo
la fortuna de otro ojo
-el relámpago
ha fraguado
descompone
la gala del verdugo-
La señora de los cinco perros
Eunice dormía crece brilla con un Amstrong de la realeza británica, en Bernal. Suburbio provincial en Buenos Aires, calle arbolada, casa inglesa con listones verde oscuro, tejas color ladrillo y un laurel que hoy habitan otros.
Eunice y su caballero inglés fueron mi modelo de paraíso. Escoltaban a cinco perros en una sala tapizada con maderas de oriente; desde el ecuador de cada recinto hasta el cielo, los cuadros que habían elegido para sus galas.
Me llamaban para las tardes de ópera.
Era a mis diez años.
Eunice me miraba deliberadamente, ojos grises y ademanes de tormenta.
Perseguí ese aire en la torre cada mañana, distante de mis padres.
Rembrandt
paso a paso olvidamos
el molto vivace, la sonrisa
humillada
herrumbre el día,
las luces
que nunca alentó Rembrandt
La ley
Songe aux prècedéntes
Ils ont terni tout ce qu'ils ont compris.
Henri Michaux
Alba torre o bruna alta:
solo, el émulo artesona la ley.
Hembra contra varón: la madre
pastor
aniquila.
Ni un cadáver
las hace humildes, reinas
-jaque luz-.
Quiebre la siesta perdida
tu nuez.
* Considerar los precedentes
Que han empañado todo lo que han entendido.
(H. Michaux)
Bosque sagrado
aquí
el apacible veneno
no de Escocia ni de Bomarzo
aquí su aria
y la hoja de plata
no es aquí la estampa
la
perseverante dádiva
que prometía
con tu exactitud de agua
el sonido
no fue la voz
otra luna
atestigua en diciembre
la ceremonia
del laurel
Ballesta
se pudre
mi brazo
cabello en danza teje
amarillos
tréboles
no hubo la fronda
que ostenta en mi favor la ballesta
mi lápiz y el pincel claudican
no me rescata
tu elegancia
silenciosa
las rodillas
vagan
trémulas
dibujo lisiado
en contradanza y la risa
otra luna
en diciembre atestigua
la ceremonia
del laurel
su equívoca espesura
Jaque
tu bosque de enebros
no la horca
fallaste -no será
no es-
hondo aire luna
piedra que desdice
y dice
jugué reina blanca y caí sin
muerte
a este caldero
invenerable
ni siervo
ni espejo el río
o amarilla granada
que me eviscere al sol
Juana
usurpa
al bosque río amarillo
el canto las procesiones
después de Juana
flamígera
traduce
cuidados troncos
la pirámide sepulta el nombre
grita Juana Juana calla la plebe
el verdugo
y todos
queríamos
silenciara
la tarde
herencia medioval la carne
taco capitolino
llevo una cruz equivocada
no conozco a Juana si supiera
quién fue Juana
he heredado
el caballo
pira encendida tálamo perfil a tajos
si esta noche
se encendiera un leño
el río amarillo
Contenido
- Ajedrez
- Akbar el grande
- Al sol
- Almuerzo
- Amor ludens
- Autobiografía
- Ballesta
- Bosque sagrado
- Casidas
- Cautiverio
- Caverna
- Cesáreo
- Clase de estilo
- Claudia
- como el pan
- Coreuta
- Cortejo
- Cénit del orfebre
- Cíclope
- De agua en agua
- De los calderos
- Egipto
- El puñal
- El roble
- El tren
- Espejo
- Frases
- Frontera
- Fugit irreparabilis
- Gelio
- Ghoul
- Género
- Hebrón
- Hijos de la medianoche
- Himno para las piedras
- Hyeronimus
- Incandescencia
- Isaac
- Isaías
- Jalaf
- Jaque
- Juana
- Juego
- La antorcha
- La cizaña
- La ley
- La noche sin Byron
- La señora de los cinco perros
- La turquesa mar
- La voz
- Lecho
- Los pájaros
- Mara en la horca
- Marzo 30
- Mefistófeles
- Memorial
- Montaña
- Morada
- Muérdago
- Negociación del lustrabotas
- Nido
- No
- Notre dame de Paris
- Nupcias
- Omphalus
- Pagas
- Pan
- Pan II
- Pan III
- Parque de versiones
- Particiones
- Plan
- Reescritura
- Rembrandt
- Responso
- Sagunto
- Saturno
- Sello real
- Sentencia
- Sustituto
- Sí
- Tierra bárbara
- Transfer(encia)
- Trebejos
- Tú también hijo mío
- Vigilia 2
- Zufiya Zenobia
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